¿Por qué tiene que reinar el extremo..? Sí-no, hoy-nunca, sol-luna.... muerte-vida... si todo se renueva y es periódico como la flor. Nosotros mismos nacemos y morimos todos los días. Somos estraldinos.

Gastón Gori

(Esperanza, 1915 - Santa Fe, 2004)

Poeta santafesino, que caminaba lento en el boulevard. De profesión abogado, lo pienso: "abogado de los pajaritos". Investigador y escritor.

Entre sus numerosos ensayos, novelas y cuentos se encuentran sus bellos poemas:  "Bajo el naranjo" (1940), "Mientras llega la aurora" (1942), "Se rinden los nardos" (1946), "Poemas en la tormenta" (1975), "Palabras de refutación gozosa" (1976), "Canto a la ciudad" (1981), "Búsqueda de la alegría" (1986) y "Poemas de nacer y de vivir" (1995). Estas dos últimas obras también compiladas bajo el titulo "Una vez la poesía" (2000).

Su aspecto de extrema ternura -supe hacerle una pequeña entrevista cuando niña- contrasta con su determinación. Tres años antes de su muerte, él ya lo había decidido: iba a morir a los 90.
En sus propias palabras:

- " ...el último libro que me gustaría reeditar es un libro que yo quiero mucho: se llama "La pluma incesante". Es decir: 90 años y 90 veces se habrán publicado libros míos, y terminarlo con el libro: "La pluma incesante" seria muy simbólico, me gustaría mucho hacerlo. Y ya te digo, como voy a vivir 3 años más, eso esta resuelto, en eso ya no hay problema..."
 ...
- " Y si no vivo los 3 años más, vengan y repréndame: "¡Incumplidor! ¡Traidor! ¡Traidor! ¡Usted nos ha engañado! A ver, diga ahora ¿Por qué nos ha engañado?. Y yo no te voy a contestar nada. (risas)" 

Nació un 17 de noviembre de 1915 y se fue del cuerpo el 17 de noviembre de 2004.




Volví un día
con muchos años
y más recuerdos
por el camino largo
que va a mi pueblo.

¡Mi espalda encorvada,
enjuto mi cuerpo,
arrugada la piel,
duros los miembros!...
¡Nunca me he visto
 tan cansado y tan viejo!...
A pasos lentos,
seguía la huella
del camino polvoriento.

 Detuve un instante
mis pies cansados
en mitad de la senda
que mudó el tiempo.

¿Qué busco, me dije,
en mi afán de regreso?...

 ¿Acaso el anhelo
que falta a mi vida
para seguir viviendo?...
¿Acaso un amigo,
acaso la novia
que dejé sonriendo?...
 ¿Acaso el rincón triste
de mi pueblo
donde mis padres
nacieron?...

 ¿Acaso la sombra
del duraznero
donde jugaban
mis compañeros?...

 Nublados mis ojos
temblándome el pecho,
¡qué busco, dije,
 si nada quiero!...

Gaston Gori.
(Esperanza, 1915=Santa Fe, 2004)



Carta de Gastón Gori a Carlos Carlino:


Santa Fe, 1 de octubre de 1969


Querido Carlos:

Releí tu libro
“Abril se inclina hacia el oeste”;
tu libro triste, enfermo de la peste
que enferma al siglo;
enfermo de cemento, contaduría y ludibrio;
pleno de nostalgia por la vida y por la muerte.
¡Hermoso como un lirio!

En la calle, soldados con fusiles y cañones
Inauguran un octubre de rencores.
Releí tu libro.
Un sol de primavera dora de luz a la ciudad,
se endulza el viento en el junquillo;
en la casilla duerme el perro
cabalgadura de mis hijos.

No sé si el hombre es algo horrible
o triste o víctima de error divino,
cuando tiene el pan y le sobra oro y vino.

Un octubre proletario de amargura,
Silencia el grito, arría la bandera pura.

Releí tu libro
de lágrima iluminada, apenas en los ojos;
de mirada hacia atrás en el tiempo
de vacas, trigales, dulces hinojos,
y de sangre querida;
de amada gente que vinieron por ellos y por otros,
por el cereal, por la oveja y por el potro.
El ensueño de dinero
se hizo libro de amor y versos en nosotros...

En la estación ferroviaria muere el sueño de distancias;
el ojo del soldado, vigila muertes en las balas.

Releí tu libro
sin actas de acusación precisas, necesarias
-Hermoso como un lirio que
dice, sin embargo, al filo de una muerte
con canto y sin olvido,
lo que ha de vivir para siempre:
cosas de amor, y fundamentos del hastío.

En las calles, no está muerta la luz de Mañana;
lo que es imposible que maten las balas.

Releí tu libro.
Comprendí que mi propia tristeza, no conocida,
puede ser la tuya, pasada en limpio,
hecha versos de entrañable ritmo.
Pero también, sentí la fuerza inmortal de los gringos,
la potencia rediviva del trabajo
robado en la vaca, y en la parva del trigo;
sentí esperanzas heroicas, el grito de Alcorta,
y el lagrimal vacío...

Un octubre de cascos vergonzosos
-los soldados no nos miran- es octubre en la patria mía.

Releí tu libro.
Te abrazo como hombre, te espero, como amigo,
en la esquina de campos y talleres
donde esperan obreros y campesinos.



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