Esa época en la que andaba mi cuerpo
roto desde cabeza a los pies
quebrada, avanzaba en el día
y en la noche temblaba y transcribía renglones
y renglones hambrientos de sí,
que se sentían a gusto sólo cuando
la lluvia caía, sobre las naranjas que vibraban
desde la ventana iluminando su pequeño espacio,
haciendo que mi soledad
no sea la única cierta
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